Immigration Statement by the ELCA Conference of Bishops (in English and Spanish)

November 23, 2014

Conference of Bishops
Evangelical Lutheran Church in America
November 20, 2014

As people of faith and leaders of the church, we support public policy that protects children, reunites families, and cares for the most vulnerable, regardless of their place of birth.

The treatment of immigrants is a core religious value. To welcome the stranger is to welcome a child of God. In the New Testament, Jesus tells us to welcome the stranger, for “just as you did it to one of the least of these… you did it to me.’” (Matthew 25:40)

Each day in our congregations and in our service to the community, we see the consequences of this broken immigration system: separated families, children returning home to find their parents have been deported, and the exploitation of undocumented workers.

By removing the threat of deportation for many people, we are showing compassion for people who have been here for years, working hard to provide for their families, obeying the law, and contributing to the fabric of our community.

While today’s action addresses a pressing need, it does not provide a path to citizenship, establish policies that prioritize family unity, or create more efficient channels for entry of new migrant workers. Our hope is that congress will address these and related issues, including the practice of family detention, which undermines our values as a people of faith and a nation of welcome.

The Scriptures consistently show a significant concern for immigrants:

When a foreigner resides among you in your land, do not mistreat them. The foreigner residing among you must be treated as your native-born. Love them as yourself, for you were foreigners in Egypt. I am the Lord your God. (Leviticus 19:33-34)

The positive role of immigrants in our history, economy and our community is unmistakable. We support this compassionate first step toward reforming an immigration system that is flawed and requires many of our neighbors to live in the shadows in fear.

The ELCA Conference of Bishops

 

Como personas de fe y líderes de la iglesia, apoyamos una legislación pública que proteja a los niños, reúna a las familias, y se preocupe por los más vulnerables, independientemente de su lugar de nacimiento.

El trato a los inmigrantes es central al valor religioso. El darle la bienvenida al forastero es darle la bienvenida a un hijo o hija de Dios. En el Nuevo Testamento, Jesús nos dice que debemos darle la bienvenida al extranjero, porque “tal y como lo hicisteis a uno de los más pequeños de estos … me lo hicieron a mí. ‘” (Mateo 25:40)

Cada día en nuestras congregaciones y en nuestro servicio a la comunidad, vemos las consecuencias de este sistema de inmigración: familias separadas, niños que regresan a casa para encontrarse con que sus padres han sido deportados, y la explotación de los trabajadores indocumentados.

Mediante la eliminación de la amenaza de deportación para muchas personas, estamos mostrando compasión por las personas que han estado aquí durante años, trabajando duro para mantener a sus familias, obedientes a la ley, y que contribuyen a la estructura de nuestra comunidad.

Mientras que la acción de hoy se dirige a una necesidad apremiante, no proporciona un camino a la ciudadanía, ni establece políticas que le dan prioridad a la unidad familiar, ni crea canales más eficientes para la entrada de nuevos trabajadores migrantes. Nuestra esperanza es que el congreso aborde estos y otros asuntos, incluyendo la práctica de la detención de familias, lo cual socava nuestros valores como pueblo de fe y de una nación de acogida.

Las Escrituras muestran consistentemente una preocupación importante por los inmigrantes:

Cuando un extranjero resida entre vosotros en vuestra tierra, no le maltrates. El extranjero que resida entre vosotros debe ser tratado como un nativo. Debes amarle como a ti mismo, porque tú fuiste extranjero en Egipto. Yo soy el Señor tu Dios. (Levítico 19: 33-34)

El papel positivo de los inmigrantes en nuestra historia, la economía y nuestra comunidad es inconfundible. Apoyamos este primer paso hacia una reforma compasiva de un sistema de inmigración que está defectuoso y requiere que muchos de nuestros prójimos vivan en las sombras del miedo.

Conferencia de Obispos
Iglesia Evangélica Luterana en América
20 de noviembre 2014
Traducción: Pedro Suárez, Gulf Coast Synod

 

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